Después de un evento, una celebración o una noche de excesos y alcohol, a la mañana siguiente suele aparece dolor de cabeza, náuseas, sed “exagerada”, cansancio, malestar general… y hayas dicho: “¡qué resaca!”
Pero, ¿sabes realmente qué es la resaca y qué le ocurre a tu cuerpo cuando te encuentras en ese estado?
La resaca es un conjunto de síntomas desagradables que se presentan horas después de haber consumido una elevada cantidad de alcohol. Estos síntomas son transitorios, de intensidad variable y, por lo general, suelen disminuir en un periodo entre 8 y 24 horas.
La aparición de la resaca no solo depende de la persona y de la ingesta de alcohol consumido sino también de otros factores como la edad de la persona, su estado de salud, el tipo de bebida alcohólica, la hidratación, si la ingesta ha ido acompañada o no de comida, etc. Por lo general, cuanto más alcohol tomes, mayor es la probabilidad de presentar esta sintomatología en mayor o menor medida al día siguiente.
¿Qué consecuencias tiene en nuestro cuerpo?
- Deshidratación. El alcohol inhibe la liberación de una hormona llamada vasopresina, encargada de la retención de líquidos a nivel renal. Como consecuencia, el cuerpo produce más orina (y con ello, pérdida de agua y electrolitos), lo que puede desencadenar en una deshidratación acompañada de síntomas como sed excesiva, boca seca, cansancio, dolor de cabeza, mareos y aturdimiento.
- Disminución de los niveles de glucosa en sangre. El consumo de alcohol puede interferir con el proceso de formación de glucosa en el hígado (gluconeogénesis), lo que disminuye los niveles de glucosa en sangre. Esto provoca mayor cansancio, debilidad, temblor, dificultad para la concentración y cambios en el estado de ánimo.
- Cambios en el proceso de metabolización del alcohol. El hígado es el órgano encargado de metabolizar el alcohol en nuestro organismo, convirtiendo el etanol en acetaldehído. Esta molécula generada, en condiciones normales, se transforma rápidamente en otros compuestos (por ejemplo: ácido acético). Sin embargo, tras un consumo excesivo de alcohol, esta transformación se ralentiza de manera que se acumula el acetaldehído en el organismo causando náuseas, vómitos, sudoración y malestar general.
Además, como dicha transformación se satura, nuestro cuerpo activa otros sistemas diferentes para metabolizar el alcohol lo que conlleva la producción de radicales libres. Por esta razón, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas aumenta la cantidad de radicales libres que pueden alterar el funcionalismo normal celular, especialmente en el hígado.
- Inflamación sistémica. El alcohol promueve la liberación de citoquinas proinflamatorias que afectan tanto al sistema inmune (desencadenando una respuesta inflamatoria general a modo de “defensa”) como al sistema nervioso central (exacerbando el dolor de cabeza y muscular, la fatiga, la sensibilidad a la luz y originando trastornos en el sueño).
- Alteraciones del sueño. Aunque a priori el alcohol provoca somnolencia, la realidad es que el alcohol interfiere en las fases profundas del sueño, impidiendo que este sea reparador y contribuyendo a que haya más cansancio al día siguiente.
- Molestias digestivas. El alcohol irrita la mucosa del estómago y aumenta la liberación de ácido lo que puede causar dolor estomacal, náuseas o vómitos.
¿Cuáles son sus síntomas?
Los síntomas de la ingesta excesiva de alcohol se suelen presentar al día siguiente y dependen de la cantidad de alcohol ingerida y del estado de cada persona. Es importante recalcar que el alcohol en sí mismo no es el responsable de la resaca, sino que la gran mayoría de sus síntomas están relacionados con su proceso de metabolización en nuestro organismo y las sustancias residuales que se producen durante el mismo.
Por lo general, los síntomas más característicos son cansancio, debilidad, sed, boca seca, dolores musculares, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, ardor o dolor de estómago, dificultad para dormir, sensibilidad a la luz y al ruido, mareo, temblores, sudoración, menor capacidad de atención y concentración, irritabilidad, cambios en el estado de ánimo…
¿Cómo puedo prevenirla?
La mejor manera de prevenir la resaca es moderar o no consumir alcohol. Sin embargo, en caso de consumirlo y si quieres disminuir las probabilidades de que aparezca la resaca puedes optar por:
- Beber con moderación.
- Beber despacio. Es importante que sepas escuchar a tu cuerpo para poder saber cuándo y cuánto es suficiente.
- Beber agua durante la ingesta de bebidas alcohólicas, para mantener un nivel adecuado de hidratación y, al saciarte, beberás menor cantidad de alcohol.
- Evitar mezclar diferentes bebidas alcohólicas, ya que pueden agravarse los síntomas de la resaca y ser más duraderos.
- Evitar la ingesta de alcohol con el estómago vacío. Ingerir alimentos antes o durante el consumo de alcohol ayuda a disminuir la velocidad de su absorción. Para ello, opta por alimentos ricos en proteínas, grasas no saturadas, carbohidratos complejos y fibra.
La resaca es una respuesta de tu organismo al exceso de alcohol consumido, y aunque suele ser temporal, es un recordatorio claro de que el alcohol tiene efectos reales sobre tu salud. Entender sus mecanismos y consecuencias no solo permite manejar mejor sus síntomas, sino también tomar decisiones más informadas sobre su consumo. La clave está en la moderación, la prevención y el cuidado de la salud a largo plazo.

